La pulga en tu cama

A mí, los acontecimientos políticos de las últimas semanas me hicieron pensar en una fábula de Esopo. En esta fábula, un hombre, después de sufrir picazón en todo su cuerpo durante varios días, finalmente encuentra en su cama una pulga solitaria, responsable del problema. La pulga, que como se trata de una fábula, puede hablar y razonar, ruega por su vida, alegando que después de todo no puede hacer mucho mal, sacando sólo unas gotas de sangre cada vez. Pero el hombre se muestra inflexible y la aplasta entre sus dedos, diciendo que así se va a evitar muchos males futuros, sean pequeños o grandes.

Muchas veces las historias más sencillas nos dicen mucho y muy rápido sobre lo que está pasando, especialmente frente a la realidad argentina, tan frecuentemente ilógica. Esopo murió hace 2600 años, y todavía es un mejor lector de nuestra realidad que muchos de los actores políticos más importantes de la actualidad. La moraleja de su historia es muy clara: no hay que tolerar ningún mal, por pequeño que parezca; primero porque es innecesario hacerlo, y segundo porque hasta los males pequeños pueden llegar a ser muy grandes si se les da espacio.

Dos lecciones podría extraer, de esta moraleja, el gobierno argentino. La primera es que la gente, igual que el hombre de la historia, no está dispuesta a soportar muchos ajustes y demás sacrificios, por más que para el gobierno sean insignificantes picaduras de pulga. La segunda es que el gobierno debe atender a su propia picazón, y controlar ahora, mientras está a tiempo, situaciones que parecen ínfimas, pero que sumadas pueden ocasionar un gran problema.

La última semana de caos e incertidumbre, llena de manejos, de idas y vueltas, ha llegado al extremo de poner en duda la continuidad del gobierno a futuro. Una marcha o un corte es una situación normal de la democracia; el estado de movilización casi permanente que vivimos en los últimos días es un síntoma de que algo va mal, y de que el gobierno no supo ponerle freno a tiempo. La imagen que se transmite desde el poder es la inacción; y esto sólo invita a más pulgas oportunistas a darse un festín.

Las operaciones, que pueden parecer aisladas o inofensivas, tomadas en conjunto van limando la aceptación del gobierno. A las ofensivas sindicales y opositoras se suma una falta general de política y de referentes conciliadores. Dentro del propio equipo (un término ensalzado por el macrismo) crece el resquemor cuando sus propios miembros (como Regazzoni) empiezan a salir de escena por la puerta chica y sin ninguna protección mediática desde los altos mandos. Cada uno piensa que puede ser el próximo, y cada uno, en consecuencia, hace su propio juego, sin preocuparse por un equipo que no lo respalda.

Después de más de un año en el gobierno, el macrismo empieza a experimentar la soledad del poder; una soledad que amenaza con convertirse en desconexión de la gente y de sus propios votantes. Da la sensación de que el gobierno no logra resolver ningún conflicto, y que está dispuesto a ignorar los embates opositores, ¿pero en nombre de qué? La agenda (de cuya importancia hablábamos en una nota la semana pasada) puede funcionar como norte, pero incluso aquí el gobierno se muestra incapaz de realizarla, con acciones mal pensadas y peor ejecutadas, tomadas a destiempo y a veces con escasa certeza de que las cosas ocurran como se planearon.

La realidad es que la agenda no puede realizarse mientras se le pongan palos en la rueda. Tal vez el macrismo había imaginado que podría implementarla en un mundo libre de conflictos, o donde los conflictos se resolvieran por arte de magia. Pero cada actor social tiene sus intereses, y la realidad suele imponer su propia agenda, a menudo muy distinta de la que los líderes tenían en mente. Es responsabilidad del gobierno resolver estos conflictos mientras todavía está a tiempo, antes de que su cama se transforme en un circo de pulgas.