#Mesaza

Hoy todos somos Mirtha. O algo así. La gente habla de Mirtha, los periodistas hablan de Mirtha, las redes sociales hablan de Mirtha. ¿Será Mirtha candidata en Octubre? Esta “mirthamanía”, generada por tan sólo unos breves cruces de la veterana conductora con el Presidente, en lo que fue un encuentro de casi dos horas, dice mucho sobre el estado preocupante de la política nacional.

Muchos habían esperado otra cosa, empezando por el propio Presidente. Iba a ser una entrevista relajada, una charla cordial sobre su vida y su familia, en Olivos, jugando de local. Pero realmente era Mirtha la que estaba en su momento, y logró poner incómodos, en más de una oportunidad, al primer mandatario y a su esposa.

Los opositores, cómodamente ubicados en el living de su casas, también habrán esperado una entrevista más tranquila, pero en cambio se encontraron en la pantalla con algo que los hizo cambiar sus propios planes. Salieron en pleno a celebrar a la conductora y sus planteos; incluso, en el caso de los simpatizantes y dirigentes kirchneristas, cargando con el peso de la contradicción, después de años de criticar a Mirtha por sus posturas ideológicas y su apoyo a Macri. ¿Será un poco exagerada, esta reacción? Después de todo, a lo largo de la cena primó un tono amable, y tampoco se trató de la primera vez en que al Presidente le tocó enfrentar cuestionamientos públicos. Entonces, ¿qué fue distinto esta vez?

Hubo dos factores que sin duda influyeron en la repercusión de esta entrevista. En primer lugar, el Presidente había bajado la guardia, esperando sólo una charla inofensiva. Y entre sus virtudes no destaca precisamente la de ser un buen improvisador. Creo que el que se le escaparan algunos datos -como la cifra exacta de las jubilaciones-, no fue en verdad tan grave, pero sí un síntoma de su falta de preparación.

Por otra parte, si bien en otras oportunidades ya le había tocado contestar preguntas incómodas en conferencias de prensa y entrevistas, hay que hacer notar Mirtha Legrand no es una periodista. Por lo menos no según el sentido tradicional de la palabra. La conductora puede preguntar y confrontar sin preocuparse por los límites de una profesión, y a veces tampoco por los hechos.

Ella opina, habla de “sensaciones” y de “descreimiento”, como cualquier otra señora bien y entrada en años que discute la realidad del país en el comedor de su casa. Lejos de mí apuntar a este estilo como un ideal periodístico; me limito a señalar que sus efectos son mucho más profundos de los que puede tener la pregunta de un periodista profesional. Otro no podría haber acusado a Macri de negar la realidad como lo hizo Mirtha, pero Mirtha puede.

En el fondo, la trascendencia de sus dichos se debe no a que la conductora haya encarnado por unos minutos la “voz del pueblo”, sino a que ocupó un lugar que, últimamente, nadie parece dispuesto a ocupar. Se convirtió en una referente opositora, aunque no lo sea, porque Argentina, a poco más de seis meses de las elecciones de medio término, no tiene referentes opositores dispuestos a decir lo que dice la dama de los almuerzos.

Hizo falta este acontecimiento para que la oposición empezara a hablar y a moverse, después de calcular en silencio el próximo paso, durante meses, pero sin atreverse a darlo. La oposición estaba atrapada en su propia paradoja mezquina; no quería criticar a Macri por miedo a favorecer, en la comparación, a Cristina, o incluso de que el tiro le saliera por la culata y terminara levantando la imagen del propio gobierno. La estrategia parecía ser quedarse callados, y tratar de que nadie se diera cuenta, hasta decidir el rumbo a tomar. Ahora, como ocurre siempre que alguien espera demasiado, resulta que los acontecimientos tomaron la decisión por ellos.

En Argentina, el principal signo de que las elecciones se acercan suele ser la proliferación del cordón cuneta en los municipios, las rutas en las provincias y la gran infraestructura en el gobierno nacional. Por todas partes hay obras, pero en ningún lugar hay política. Faltan ideas y audacia, y se intenta tapar esta carencia con cemento y más cemento. El cordoncunetismo, como voy a empezar a llamarlo, habla mucho de lo que le falta a los líderes políticos en estrategia y en visión.

La fortuna favorece a los valientes, no a los que esperan eternamente a que llegue el momento adecuado. El momento nunca llega, muchachos. Sólo las ganas de jugarse por un proyecto político a largo plazo les permitirán obtener un lugar de privilegio en la próxima elección, y si lo logran, también, arrebatarle la presidencia a Cambiemos en dos o en seis años. De parte del gobierno, sin duda un rival digno los ayudará a enderezar rumbos errados; pero cuidado de no equivocar al enemigo, porque con tal de ningunear al verdadero, a veces elegimos erróneamente a uno que nos arruinará el postre (¿habrá sido Macri uno de ellos?).

Lo mejor que puede pedir el gobierno, hoy por hoy, es una buena oposición.Y no una que esté formada solo por una venerable diva de noventa años, precisamente.

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