El líder que yo conocí…

El líder que yo conocí…

Hoy se cumplen ocho años de la muerte de Raúl Ricardo Alfonsín, el hombre que en 1983 asumió la responsabilidad de liderar el primer gobierno democrático después de siete años bajo la dictadura más terrible de nuestra historia.

Bajo su liderazgo se creó la CONADEP, dedicada a investigar las violaciones de los derechos humanos durante el Proceso, y el Juicio a las Juntas, en que los líderes del gobierno militar fueron condenados a prisión, un hecho sin parangón en países que vivieron circunstancias similares, como el resto de Latinoamérica y España.

Es fácil reprocharle a Alfonsín no haber ido más a fondo, o haber promulgado las ahora llamadas “leyes de impunidad”, pero es necesario entender estas acciones en un contexto en que los alzamientos militares eran posibles, y en que los restantes partidos (incluyendo al peronismo) habían propuesto un pacto de silencio con respecto a los años de la dictadura, sin juicios.

Alfonsín tal vez no fue estrictamente el padre de la democracia, pero sí el hombre que recibió una democracia frágil y sentó las bases de los últimos treinta y cuatro años de vida institucional.

Este es el líder al que todo conocemos, pero en esta oportunidad me gustaría hablar brevemente del líder al que yo conocí. Yo tenía alrededor de diecinueve años; a los dieciocho había entrado a la Facultad de Odontología y me había empezado a relacionar con compañeros más metidos en la política.

Fueron ellos los que me invitaron por primera vez a un encuentro político, para escuchar hablar a un “peso pesado”, un tipo combativo, una tromba, que con el Movimiento Renovación y Cambio venía disputándole el lugar de prominencia al balbinismo dentro de la UCR.

Fuimos a su lugar de trabajo, en el centro de Buenos Aires, Alfonsín nos recibió en una especie de oficina, que estaba llena de gente; caminaban de un lado para otro se respiraba militancia política activa, estaban entre otros Storani, y jóvenes como Moreau, el Coti Nosiglia y el Negro Ponce con quien ganamos el primer centro de Estudiantes en Ingeniería.

Yo estaba nervioso; para un primer encuentro con la política, era bastante intenso.

Entonces Alfonsín nos invitó a sentarnos y empezó a hablar, y yo sentí una magia que nunca había experimentado antes. Es difícil transmitir lo que significa escuchar a un verdadero líder. Puede parecer que está hablando para todos, pero uno se siente como si le estuviera hablando a uno personalmente.

Lo escribo y recuerdo ese hormigueo en mi cuerpo como lo sentí hace tantos años, hoy por hoy se le dice “carismático” a cualquier conductor de televisión, pero entonces entendí lo que es el carisma como lo entendía Weber, como una especie de poder del líder para transmitir su pensamiento a la gente, para meterte en su forma de ver el mundo.

Cuando salí de ahí me había comprado completamente. Un nuevo incondicional de sus ideas había prendido en mi. Después de eso, con los otros compañeros que habían asistido fundamos la sede de Franja Morada en nuestra Facultad.

Este es el líder que yo conocí. El país también llegó a conocerlo, en las masivas e inolvidables concentraciones que tuvieron lugar en septiembre del 83. Después, lamentablemente, el malestar económico de los últimos años de su gobierno lo obligó a salir por una puerta chica que no se merecía, y sólo con su muerte, hace 8 años volvimos a recordar al líder que tuvimos.

Como última reflexión, pienso también en los palos en la rueda que se le pusieron a este primer gobierno democrático. Al final, los líderes de la oposición peronista y algún que otro dueño de un conglomerado de medios, lo consideraban “un obstáculo”, lo que lo obligó a terminar su gobierno antes de tiempo.

El país, olvidadizo, no hizo nada para impedir que se sacaran de encima al hombre más comprometido con la institucionalidad. Es un llamado de atención para estos tiempos, en que parece que la única forma de llegar a la renovación política es agitando fantasmas y helicópteros.

A Alfonsín tal vez también le hubieran dedicado un helicóptero de cartón. Pero no olvidemos que él fue el único presidente que salió de la Plaza en helicóptero en un acto de valentía, para dialogar con los líderes del alzamiento carapintada en Campo de Mayo, en la semana santa de 1987. Y mientras tanto una multitud lo esperaba para darle su apoyo.