La política del cordoncunetismo

En el conurbano, la primera señal de que las elecciones se acercan es siempre la súbita proliferación del cordón cuneta. Pasa lo mismo a nivel provincial y nacional, claro, con obras mayores de infraestructura.

Se acercan las elecciones y hay obras por todas partes, pero en ninguna parte hay política. Faltan ideas, y se trata de tapar el vacío con cemento y más cemento. Esta es la política del cordoncunetismo.

Que no se me malinterprete: el cordón cuneta es un elemento muy necesario en la infraestructura de los municipios. Ahora mismo, es fundamental en muchas zonas del conurbano. Pero, ¿es bastante para fundar en él una plataforma política? Claramente no, aunque muchos parecen pensar lo contrario. Para ciertos intendentes, cortos de ideologías y de visión de futuro, es obligada la foto al lado del cordón cuneta (y si es posible, rodeado de hombres con casquitos).

Pero mi experiencia (y también la de cualquier hijo de vecino) dice que esa imagen no es ventajosa . Si un intendente hace obras, la gente va a notarlas sí o sí. La fotito, lejos de sumar, lo hace quedar como un oportunista.

La importancia de las obras, lo repito, es innegable, pero no todas las obras son de cemento. Está claro que la infraestructura es una problemática de la gestión de los intendentes, y que ellos y sus equipos deben salir a buscar soluciones ante la provincia y la nación. ¿Pero cuál es la huella que van a dejar, más allá de esto? El cordón cuneta me parece un gran símbolo porque es algo que pasa (literalmente) por el costado de las casas, no algo que llegue al corazón de la gente.

Si miramos un poco al mundo, veremos que en todas partes las ciudades están experimentando un cambio sustancial. El futuro son las smart cities, la cultura en los barrios carenciados, la urbanización de barrios marginales, ofrecerles arte y deporte, hacerlos parte del sistema y colaboradores del cambio.

El futuro es el acercamiento a la gente, las nuevas formas de conectarse, relacionarse, y trabajar. ¿qué nos impide a nosotros soñar con eso mismo y realizarlo? El derrotismo está muy enquistado en la mentalidad argentina: nos dice que no somos capaces, que no nos merecemos nada más que un cordón cuneta.

Me gustaría recomendarles un libro de Edward Glaeser llamado El triunfo de las ciudades. Para Glaeser, que es entusiasta y entusiasmador, la ciudad es “el mayor invento de la especie humana”, y no es tanto una serie de edificios e infraestructura como un conjunto de gente que vive, trabaja y piensa junta. Los espacios urbanos crecen cuando sabe reinventarse y generar ideas, no sólo acumulando cemento.

Nuevas ideas amplían asimismo las ganas de pertenecer. La nueva ciudad debe ser una construcción de los ciudadanos, una expresión de sus opiniones. Si necesitan cultura, o más oportunidades laborales, el municipio debe suministrarlas. La ciudad del futuro no es una utopía, sino la necesidad de un intendente por dejar un legado. Dejemos las reuniones de escritorio y hagamos despacho itinerantes, por más que tengamos que oír cosas que no nos gustan; recordemos que los servidores públicos son servidores de todos y para todos.

En una época de creciente conectividad y donde cada vez se acorta más la distancia entre representantes y representados, los municipios van camino a convertirse en la unidad política más relevante de todas. Los líderes del futuro serán aquellos que tengan un contacto más real y directo con la gente, los que tengan visión y puedan ayudar a los ciudadanos a generar trabajo, ideas y emprendimientos.

El concepto clave acá es ambición, por más que haya llegado a sonar como una mala palabra. Ser ambicioso es pensar en grande, mucho más allá del cordón cuneta. De más está decir que los líderes del futuro seguirán construyendo infraestructura, pero no la necesitarán para ganar elecciones.

En estas coyunturas electorales, los intendentes están frente a una decisión clave. Quedarse anclados en el pasado, en la cómoda filosofía cordoncunetista, o ponerse a imaginar algo mucho más grande. Lo peor que puede pasar no es perder el tren del futuro. Lo peor es ser aplastado por él.

La política del cordoncunetismo