Las abejas, el panal y el peronismo cordobés

En la naturaleza, cuando una colonia de abejas decide expandirse, empieza por producir una nueva reina. Las reinas no nacen, sino que se hacen: son larvas como cualquier otra a las que se le da una alimentación especial.

Cuando este procedimiento culmina, las abejas se dividen: la reina más vieja sale con la mitad de la colmena para buscar un nuevo lugar en el que asentarse, y la reina joven queda al mando de lo que queda del viejo panal. Todo este proceso se denomina “enjambrazón”.

No lo menciono porque de pronto esta columna haya cambiado de temática y ahora me dedique a la apicultura. Pero creo que contemplar la naturaleza muchas veces nos da una clave más simple para entender las complejidades de nuestra realidad. Especialmente de esa parte tan “animal” de la naturaleza humana que es a fin de cuentas el universo del poder y la política.

Igual que ocurre en el caso de las abejas, cuando una organización llega a un cierto grado de crecimiento, es necesario que se empiece a delegar y a repartir el liderazgo.

Esta es, sin ir más lejos, la coyuntura en la que se encuentra el peronismo cordobés, que bien consolidado en su provincia busca proyectarse como alternativa a nivel nacional. La pregunta es si podrá hacerlo, y cómo, después de que De la Sota anunciara su decisión de no encabezar la lista de UPC en octubre.

Sin embargo, como ya vimos, la expansión es un momento en el que se hace imprescindible negociar el liderazgo, y también puede ser una excelente oportunidad para generar un recambio en el interior del partido.

Es el momento para empezar a hacerle lugar a una nueva generación de dirigentes. Los nombres no importan demasiado, porque a fin de cuentas, en una organización saludable, cualquier abeja puede ser reina. O como solía decir Perón -parafraseando a Napoleón Bonaparte-: todo soldado lleva en su mochila el bastón de general.

Es importante recordar que un recambio no significa necesariamente cambio. Abrir el juego a nuevos participantes no significa destruir un partido o un espíritu. Los grupos que tienen una identidad sólida son capaces de perpetuarse en el tiempo.

Por ejemplo, los hinchas de Racing seguimos recordando al “Equipo de José”, campeón del 66, formado por los inolvidables Carrizo, Perfumo, Mori y el “Yaya” Rodríguez. Ese equipo era Racing, era tan Racing como el Racing actual, a pesar de que ese plantel y este no tienen ningún jugador en común.

En otras palabras, crear nuevos liderazgos no implica dejar de lado los anteriores, sino abrirse a lo nuevo. No solo a los políticos más jóvenes, sino a los votantes de esa misma generación; a las nuevas formas de hacer política, lo que resultará beneficioso para el partido en su conjunto.

Es verdad; la política no suele ser un ámbito solidario ni generoso. Prima la competencia y el deseo de mantenerse en el poder. Pero aún desde este egoísmo, delegar y compartir el liderazgo es lo mejor que un político puede hacer.

No hay ningún proyecto de concentración pura de poder que haya concluido bien. Los grandes líderes que no se ocupan de designar y formar a sus sucesores entregan a sus partidos a la decadencia y la crisis.

El peronismo (pese a la frase que decía Perón) es un ejemplo continuo de esto. En Córdoba, sin embargo, esta fuerza es un ejemplo de concertación que puede, a su vez, convertirse en un modelo a nivel país, si hace las jugadas correctas. Un cordobesismo dentro del peronismo puede ser la clave del recambio que tanto se necesita.