Póker y Política

El póker es un juego que tiene mucho en común con la política. No es casual que muchos políticos hayan despuntado el vicio favorito de los naipes ingleses. Entre ellos, varios presidentes de EEUU, donde el poker es un pasatiempo nacional.

Se dice que Nixon financió su primera campaña al congreso sólo con las ganancias que obtuvo jugando mientras servía en la Armada, durante la Segunda Guerra Mundial. Otro gran aficionado fue Barack Obama, de corte más calculador: sus compañeros de juego afirman que, si entraba, seguro que tenía una buena mano.

Ya en nuestra América, Juan Manuel Santos es conocido por sus dotes de “tahúr”, que sin duda evidenció en las largas y complejas negociaciones que fueron concluyeron en la firma de la paz con las FARC. Tampoco podemos olvidar el caso de Tony G, un impopular jugador de póker profesional (sus ganancias rondan los 3 millones de dólares) que se retiró para seguir una carrera política en su país, Lituania, y hace dos años obtuvo una banca en el parlamento europeo.

Claro que en Argentina, la popularidad del póker palidece frente al juego de cartas nacional, que es uno muy distinto. Pero no ocurre lo mismo a la hora de la política. En el truco priman la amistad, los cantitos, las burlas y la fanfarronería. Nuestros políticos prefieren la lógica calculadora y misteriosa del póker. Después de todo, lo que se juega en la política es mucho, muchísimo más que un puñado de porotos.

Los pasados meses fueron, de hecho, un despliegue de estrategias poquerísticas. A la hora de proyectarse de cara a las elecciones de Octubre, los principales líderes y referentes optaron por un juego conservador, por bluffs y apuestas tímidas.

Ninguno quería mostrar sus cartas sin saber qué harían los demás. Los armados fueron avanzando a paso lento, hasta que en la última semana, como una especie de reacción en cadena, se empezaron a mostrar algunas jugadas para las PASO. Esto culminó el 25 de mayo, día en que, quizás para aprovechar el feriado, varios dirigentes, incluyendo a Cristina Kirchner, Randazzo y la ahora dupla Massa-Stolbizer, empezaron a definirse. Y no fueron los únicos.
Ahora que las cartas (o por lo menos algunas de ellas) están sobre la mesa, podemos aprovechar el lenguaje del póker para echar un vistazo a las mejores y peores jugadas de la política local:

All in mentiroso (Cristina Kirchner): para la ex presidenta, está claro que tiene que dar la sensación de que se puede puede jugar todo y ganar en las elecciones de octubre. Como todo aquel que hace all in, sabe que tiene mucho para ganar, pero también mucho para perder. En su última aparición pública rondó los 7 puntos de rating: era una voz muy esperada, aunque monótona, autorreferencial y endiosada. Sin embargo, ningún dirigente salió a elogiar el reportaje o a darle apoyo de ningún tipo. El problema es que Cristina tiene que hacer un all in sin saber muy bien cuál es la mano que le tocó. ¿Tendrá el apoyo del peronismo? ¿Qué pasará con Randazzo y compañía?

La carta alta (Carrió): en póker, cuando ningún jugador ha podido reunir una buena mano, termina ganando el que tiene la carta más alta. Si fuera el caso de Cambiemos, esa carta sería Elisa Carrió. Como ya analizamos en la última columna, el valor de esta “reina de corazones” es inestimable para el gobierno.

El par (Massa y Stolbizer): son dos cartas de palos muy distintos, pero tienen algo en común: son los moderados, los que quedaron marginados por la gran polarización que sufrió la política argentina en los últimos años. Esta alianza, en consecuencia, se plantea como la alternativa ante dos males “un gobierno de ricos y otro de ladrones”.

Pierna (Lousteau): en una movida arriesgada, Lousteau decidió abrirse de Cambiemos para competir en la Ciudad de Buenos Aires. Con críticas a la dirigencia del espacio oficialista, busca posicionarse como alternativa en la ciudad para el 2019. La remota posibilidad de una alianza con Massa y el Stolbizer, que hoy desmiente el propio Lousteau, podría convertir al par en una pierna (trío): una combinación mucho más poderosa para ganar esta mano.

Escalera (Randazzo): ya planteado el desafío a la ex Presidenta, el que fuera su Ministro del Interior va por un juego a largo plazo que le permita ascender poco a poco hasta el lugar que le fue arrebatado en 2015: la candidatura presidencial. Pero esta es una “escalera” que tiene que subir con cuidado: en cualquier momento pueden pateársela desde abajo.

El as bajo la manga (Córdoba): Córdoba siempre fue una provincia muy particular e influyente en la vida nacional, con dirigentes de primer nivel, gran protagonismo local y alcance nacional. Para las próximas elecciones ofrece un panorama interesante, dado que en la provincia el radicalismo y el PRO se encuentran un tanto desdibujado. En contraposición, cuenta con la posibilidad de tener un peronismo unido que refuerce la eficiente gestión que el gobernador Schiaretti ha implementado codo a codo con Martín Llaryora. Si este proyecto se concreta, el peronismo cordobés estaría en condiciones de jugarse el as bajo la manga y proyectar a sus dirigentes a nivel nacional.

Jugada incierta: en varias provincias del interior, donde el PRO tiene problemas de armado, depende de la UCR: pero el vínculo con el radicalismo parece resquebrajarse a nivel nacional. El núcleo duro del gobierno deberá definir si se atreve a hacer “color”, jugando con sólo cartas de su palo, o si hay lugar todavía para hacer una “full house” en conjunto con los pro-radicales.

Claro que todavía faltan algunos meses para Octubre, y todo puede cambiar en la mesa preelectoral argentina. En política, no solo las cartas cambian continuamente. El juego también. En algún momento puede dejar de ser poker y transformarse en una ruleta. Y, a veces, en una ruleta rusa.