¿Y si la gente no fuera a votar?

La receta perfecta para la política incluye ideas, estrategia, y también un poco de puesta en escena. Sabemos que algo va mal en la política de un país cuando la estrategia empieza a ser más importante que las ideas, y la puesta en escena más importante que todo lo demás. Es un síntoma de que la preocupación por la gente y por el futuro del país ha desaparecido completamente en pos del interés individual.

Al final, se presentaron los previsibles. Las listas que se veían delineadas desde hacía meses terminaron de cerrarse (aunque, seamos sinceros, de las largas listas de nombres, en general no importan más que los dos o tres primeros). Si esto es así, ¿por qué esperar tanto? ¿Por qué, si ya habían decidido qué hacer, los políticos esperaron hasta literalmente el último momento para presentarse? Ciertos especuladores podrán dar la pobre excusa de que estaban esperando a saber qué haría Cristina… pero, ¿y Cristina?.

Con todo respeto a la buena cantidad de argentinos que aún la tienen como líder, o que al menos piensan votarla con la esperanza de que revierta algunos desmadres del actual gobierno, Cristina es la que menos preocupada parece por encontrar una salida a la crisis partidaria en que se encuentra el país. El espectáculo circense en que se convirtió el PJ da prueba de ello. Randazzo, a quien los leales kirchneristas tratan de Vandor y de títere de Magnetto, se quedó solo contra un figurín -Ishii- y hasta el propio presidente del partido apoya a la jefa, que va por otro frente.

La excusa que se pone, desde el cristinismo, es que ir a internas supone comprometer la unidad. Un argumento bastante cuestionable, porque no se ha visto en ningún lugar del mundo que esto ocurra. Al contrario, las internas fortalecen la unidad partidaria. Lo que la debilita es crear partidos nuevos y disgregar lo que hubiera podido ser unidad en Octubre. Pero no nos engañemos: todos, a excepción de los fanáticos, nos damos cuenta de que esta movida no se trata de sostener al PJ, sino de que Cristina no quería dar el brazo a torcer y darle internas a Randazzo.

¿Cómo ella, jefa indiscutida, iba a someterse a las internas (unas que, sin duda, iba a ganar)? No: Cristina prefirió entregar el partido antes que siquiera poner en cuestión su liderazgo. Ni hace falta decir que, en este panorama, la autocrítica no existe: hasta 2015 vivimos en un paraíso, que Macri vino a destruir y que Cristina, ahora, nos propone recuperar.

La situación no mejora en el resto del espectro político. Massa volvió a su acostumbrado lugar de difícil equilibrista entre el antikirchnerismo y el antimacrismo, pero le cuestan las definiciones positivas. Ahora es -aparentemente- el único capaz de impedir el regreso de Cristina…. ¿pero quién es Massa de verdad? ¿Quién sería si Cristina no existiera? Mientras el oficialismo marcha como si nada sucediera, y su mejor negocio es dilatar el tiempo. Están haciendo, pero todavía no pueden mostrar lo que hacen. Y a la gente, que tiene necesidades urgentes, tampoco se le puede pedir que espere…

Es que mientras priman las marchas y contramarchas, el acting y la puesta en escena, los futuros votantes son nada más que espectadores descreídos de estos vaivenes políticos. Hay quienes no saben qué se vota. O no les importa. Algunos creen que no hay que preocuparse ya que el resultado está decidido (“gana el gobierno”, “gana Cristina”); otros, muy confundidos porque suponen, como los políticos les hacen creer, que los resultados de esta elección son cosa de vida o muerte.

¿Y si la gente no fuera a votar? Un escenario así exploró el gran escritor portugués José Saramago (Nobel de Literatura 1998) en su novela Ensayo sobre la lucidez. La historia tiene lugar en un país sin nombre, en el que se celebran elecciones municipales, y la mayor parte de los electores decide votar en blanco. Unas semanas después, se repite la experiencia, y aún más gente (el 83%) opta por el voto en blanco. El gobierno entra en pánico, imagina una conspiración y busca perseguir a sus responsables. Pero la verdad es otra: el complot no existe, y no se trata más que de una reacción espontánea de la gente, harta de que le mientan y que jueguen con ella.

Hoy hay mucho desinterés por la política, las dudas de la población no la dejan discernir entre lo que es bueno y malo para ella. Lo mejor o lo peor, lo nuevo y lo viejo, los honestos y los ladrones.

En las encuestas se ve que mucha gente no sabe ni lo que se vota ni qué cargos se eligen en las próximas elecciones. Otros piensan que para que hacerse problemas si el Gobierno ganará en Octubre. Otros no distinguen diputados de senadores y tampoco las competencias del gobierno nacional y de los provinciales o municipales.

Si hacemos foco en los jóvenes y nuevos votantes notamos desinterés y desconocimiento. Por eso en estos momentos de turbulencia de quién va con quien, tratando de defender a sangre y fuego un lugar en la lista, es solo para los políticos y el circulo rojo de influyentes.

La gente se involucra en el tema electoral entre 30 o 20 días antes de la elección. Inicialmente no le da importancia, no consulta si esta en el padrón, inclusive si tiene su documentación en regla.

La opinión pública no sabe de la importancia de la elecciones legislativas, en algunos casos por desconocimiento y en otros porque los políticos quieren hacerle creer que son elecciones de vida o muerte y vitales para su subsistencia.

Reclamo a los amigos políticos seamos honestos y pensemos en la gente en todo momento. Seguramente al que hoy le habla no llega a pagar su alquiler, o posiblemente no tiene trabajo o es un jubilado que no puede comprar los medicamentos.

El estado no informa y en algunos casos desinforma, aunque es previsible que en las semanas previas a las elecciones la situación se modifique. Tal vez algún día nos llevemos la sorpresa de que el 85 por ciento del padrón votó en blanco y, de la misma manera que en la historia de Saramago, será el hartazgo de la gente y no una conspiración el culpable.