La renovación de los partidos y la “farandulización” de la política

Mucho se ha hablado últimamente -yo también lo hice en esta misma columna- sobre la “farandulización” de la política. Es lo que ya se sabe: los partidos políticos, faltos de credibilidad en sus estructuras tradicionales y de nombres con peso que les den un buen arrastre en las listas, salen a buscar personajes de fuera de la política para que se les sumen.

No importa que sean actores, panelistas, deportistas o personalidades mediáticas: lo único importante es que el electorado los conozca de antemano.

Las ventajas de farandulizarse están claras. Por un lado, el equipo de campaña se ahorra la dura tarea de dar a conocer a un candidato que “mide” . Además, los candidatos farandulescos suelen manejarse bien con los medios, por lo que tampoco es necesario entrenarlos para hablar y pararse frente a las cámaras.

Por sobre todas las cosas, da la impresión de que son outsiders, que vienen de afuera, no contaminados por el partido, y con las mejores intenciones de cambiar las cosas.

No se trata de algo nuevo, por supuesto, ni de algo necesariamente malo. Mirando hacia atrás tenemos a Scioli y a Reutemann, y un poco más en el pasado, a una actriz menor, de radionovelas, que de alguna forma llegó a ser la primera dama más famosa de la historia argentina.

Pero, en tiempos recientes, el PRO ha sido el verdadero impulsor de esta tendencia. No olvidemos que hasta su propio líder viene, más o menos, de afuera, y que empezó su carrera política como presidente de un club de fútbol.

El caso mediterráneo

Es interesante la disyuntiva en que se encuentra, frente a las próximas elecciones, la provincia de Córdoba. Los dos principales candidatos no podrían ser más diferentes.

Encabezando la lista del PRO y representando la búsqueda de la renovación desde afuera está Héctor Baldassi, que antes de ser diputado se hizo famoso como árbitro, una profesión que ejerció entre 1997 y 2011, llegando a dirigir partidos en el mundial de Sudáfrica, en 2010. Del otro lado, en la lista oficial de UPC, Martín Llaryora. Un caso de renovación de la política desde adentro.

Después de disputar una interna con líderes de trayectoria más larga, el ex intendente de San Francisco quedó instalado como referente joven, gestor y carismático. De esta forma se lo incorporó a la fórmula que le permitió llegar a vicegobernador de la provincia. Toda la popularidad, que crece , proviene de su carrera política y su carta de presentación es la gestión desarrollo como intendente, ministro y últimamente como vicegobernador.

No voy a decir que necesariamente la celebridad es la peor opción. En ocasiones puede funcionar. En otros casos, lamentablemente, el partido simplemente los usa en el corto plazo para ganar elecciones, aunque después no tengan idea de qué hacer sentados en el sillón de intendente, de diputado, de ministro o de embajador.

Responsabilidad ciudadana

Frente a los candidatos famosos, esto sigue siendo lo único que importa: no lo buenos tipos que sean, ni lo carismáticos, sino lo que piensan hacer y cómo piensan hacerlo.

Claro que para Baldassi es más fácil, si cada vez que se lo entrevista se le pregunta primero qué le pareció el arbitraje del último River-Boca y la política, si aparece, llega tarde. A veces es culpa de lo que los periodistas preguntan; pero también la gente debería ser más exigente en cuanto a lo que quiere saber de sus futuros representantes.

Algunas trayectorias hablan por sí solas, pero de todas maneras es necesario, para la gente, cuestionar siempre a sus representantes y a quienes aspiran a serlo. A fin de cuentas, la decisión de los votantes debería ser -o efectivamente es- una decisión política, y no un concurso de popularidad. Es que, por suerte, aunque a veces nos gustaría que fuera distinto, a esta responsabilidad no hay manera de escaparle.