De lobos y corderos

En una antigua fábula, un cordero intenta convencer a un lobo de que no se lo coma. Sus argumentos son en efecto muy convincentes, pero el lobo, después de escucharlo un buen rato, harto de la demora termina por decirle: “¿Sabes qué? No me importa que tengas razón, de cualquier manera voy a comerte”.

Así es, lamentablemente para el cordero (y para quienes, en la vida real, enfrentan situaciones similares): la razón suele ser patrimonio exclusivo de los vencedores, o en todo caso son los vencedores los que se pueden dar el lujo de pasarla por alto. Podríamos decir que lo que la fábula nos advierte es que de poco valen las argumentaciones, por elegantes que sean, frente a la contundencia de los hechos.

A pocos días de realizadas las PASO, comenzamos a apreciar los movimientos propios de un cambio de etapa. La tendencia representada por Cambiemos empieza a ganar más espacio, y también más capital político para emprender sus proyectos. En contraste, es marcado el retroceso de otros modos y movimientos políticos que en general se asocian, más allá del nombre particular, con Cristina. En las urnas, la sociedad ratificó que la polarización es real, y que sólo a partir de ella podrá pensarse la política de los próximos dos años.

Estas elecciones, pese a su poco impacto real, han dejado claros ganadores y perdedores. Pero también muchos corderos que siguen argumentando sin darse cuenta de que el lobo ya se los comió. Claro que los análisis y los razonamientos son importantes. El peligro es caer en la tentación, bastante frecuente, de sobreanalizar e intelectualizar los triunfos y las derrotas. Es peligroso porque esta actitud tiende a la justificación.

Es bastante común que el derrotado le adjudique su propia derrota a los enemigos. Por ejemplo, los partidarios de Cristina podrían alegar que sus decepcionantes resultados en Buenos Aires se debieron a una deshonesta “campaña del miedo” por parte del gobierno. Así, se convencerían de que su derrota en realidad es una especie de victoria; y de que no es necesario cambiar de estrategia para Octubre, ya que los malos son los otros.

La realidad es que el gran análisis no sirve de nada si no conduce a un mejoramiento, o al menos un replanteo de las estrategias, tanto en el caso de los perdedores como en el de los ganadores. Tampoco sirve realizar este análisis sin tener en cuenta datos concretos, relevando la opinión pública. El candidato promedio suele creer que sabe exactamente lo que la gente piensa sin necesidad de recurrir a estos sondeos… claro, hasta que pierde. De ahí que sea tan importante abrir las puertas y escuchar la vox populi. La humildad nunca viene mal.

Lo cierto es que las causas últimas de la victoria o la derrota son imposibles de precisar. Nadie las sabe. Cambiemos parece tener esto bastante claro; sus rivales, en cambio, parecen obsesionados con buscarle una explicación al último revés político. Claro que a ellos el resultado los tomó por sorpresa; el gobierno, que ya lo vislumbraba, tiene la ventaja de contar con números y estrategias sólidas, mientras que sus rivales deberán volver varios casilleros atrás.

En el camino a seguir hay varias incógnitas, y se juega mucho la decisión de los candidatos a escuchar la voz de las urnas y jugarse todo, o seguir amparándose en pobres excusas. Por ejemplo, el massismo ha quedado, en el mejor de los casos, como el jamón del medio; y en el peor como ese “más de lo mismo”, que casi que se esconde dentro de su nombre. Está claro que la ciudadanía no quiere esa falsa ecuanimidad, sino agallas y energía para defender las propias posturas, como las que hace poco demostró la gobernadora Vidal.

El randazzismo deberá volver al pizarrón y usar esta elección como un aprendizaje con vistas a instalarse como la próxima versión del peronismo. ¿O tal vez le quede ese lugar a Urtubey, que por ahora es sólo una figura local? Todo depende de quién sepa leer mejor la situación y victimizarse menos. Si hay un candidato poco atractivo, es el que no sabe reconocer sus propios errores.

En Córdoba, Schiaretti sin duda debe realizar un trabajo de autocrítica y replantear la estrategia para recuperar buena parte de la provincia, ya que los resultados fueron una total decepción (excepto en San Justo, en donde si bien Cambiemos creció en ciudades importantes respecto de las últimas elecciones PASO y/o locales, Llaryora sigue manteniendo su liderazgo territorial). ¿Se arrepentirá, el titular del Panal, de no haber consensuado con el gobierno nacional?.

El gobernador cordobés decidió ponerse el uniforme de superhéroe y ahora debe enfrentar directamente al presidente, que tiene entre sus principales objetivos el de conquistar la provincia. Una vez más, valieron más los deseos y expectativas que el análisis de la coyuntura en concreto.

En los dos meses que todavía faltan hasta que estos comicios sean definitivos, seguramente nos tocará escuchar a muchos corderos tratando de convencer al lobo de que no se los coma. Tal vez sea sólo un puñado, o dos o tres, los que aprendan que la victimización y las excusas no funcionan. Los lobos, seguramente, van a estar contentos.