Al peronismo lo va a terminar acomodando Mauricio Macri

El peronismo es la gran fuerza “zigzagueante”  de la política argentina. Cada tanto se reinventa, se transforma en otra cosa. No eran lo mismo el Perón del 55 que el del 73, los Montoneros que Guardia de Hierro, el kirchnerismo que el menemismo. Sin embargo, todos decían ser peronistas, y además decían ser el verdadero peronismo. Y además, todos tenían un poco de razón.

Ahora, una vez más, es hora de cambiar el rumbo del movimiento. Porque el peronismo actual -o sea el kirchnerismo- ya quedó demodé. Después de todo, fue parte de una tendencia regional, de lo que podríamos llamar el “eje chavista” latinoamericano, que ahora está en clara decadencia. Brasil, Perú y Ecuador (después del volantazo de Lenin Moreno) dejaron atrás el populismo; en soledad quedaron Evo Morales y la sufrida Venezuela, donde no podemos esperar que el “modelo” se sostenga por mucho más tiempo.

Ya decía Perón que “cuando los pueblos agotan su paciencia, hacen sonar el escarmiento”. Esto es lo que ocurrió en 2015, y se repitió hace dos semanas, en las urnas. Pero el peronismo, después de la derrota, no supo escuchar el mensaje, ni reinventarse, ni modernizarse. En las últimas PASO muchos volvieron a Cristina con poco convencimiento; era natural, ya que el propio gobierno de Cambiemos la había elegido como referente peronista (una estrategia que rindió muy bien). Mientras tanto, los que querían modernizarse no vieron la oportunidad ni la forma de hacerlo.

Tiendo a pensar que, en este momento de confusión, el gran organizador del peronismo no será otro que… Mauricio Macri. Que nadie se sorprenda. A veces son los mismos gobiernos los que tienen que organizar a sus desorganizados rivales. Una oposición desordenada puede ser impredecible y peligrosa para un gobierno. Como decía Vito Corleone en El padrino, hay que “mantener a los amigos cerca, y a los enemigos más cerca”.

En el enfrentamiento de Macri con la CGT, la semana pasada, ya puede verse cómo el presidente empieza a marcarle el rumbo a la oposición peronista. Le dejó claro que no puede funcionar con aprietes. Mostró que espera una oposición con voluntad de diálogo, con una forma de hacer política más similar a la de Cambiemos, lejos de los “gordos”, la runfla y los barones del conurbano.

Ese peronismo renovado sería una fuerza que podría, junto a Cambiemos, configurar un bipartidismo mayoritario, democrático y moderno. Falta, entre otras cosas, encontrar un líder para esa nueva fuerza, y es probable que ese líder sea elegido también, indirectamente, por el gobierno. El líder será aquel a quien Cambiemos elija para discutir, confrontar y dialogar. Por ahora no es Massa, en quien poco confían, y de acá en adelante, tampoco será Cristina. Randazzo, Urtubey, y algunos otros, pueden empezar a hacer la fila.

Por último, hay que decir que la renovación del peronismo fue exigida mayoritariamente por la sociedad, en las urnas. No es sólo una necesidad del movimiento, sino de todo el país. Y el peronismo, con un poco de ayuda de Macri, seguramente podrá leer esta nueva época y adaptarse a ella. Eso es lo que mejor sabe hacer.