El amarillo tiene las de ganar

Venimos de una semana Cambiemos. El gobierno, que viene con energías renovadas después del triunfo en las PASO -condimentadas con la mística de un retiro espiritual en Villa la Angostura- se atrevió, por primera vez en sus casi veinte meses en el poder, a marcarle la cancha a la CGT.

Es que, precisamente a raíz de su victoria electoral, el oficialismo esperaba que los gremios dejaran de lado las medidas de fuerza. Estaba casi consensuado. La CGT, sin embargo, siguió adelante con una marcha que culminó con hechos de violencia en plena Plaza de Mayo

La respuesta del presidente fue firme y no se hizo esperar, a diferencia de lo que había ocurrido en otras oportunidades. Está claro que el aura ganadora post-PASO incluye un nuevo estilo de gobierno, más seguro de sí mismo y más capaz de imponer sus modos. Pero no sólo por esto fue una semana Cambiemos. Lo fue porque también al sindicalismo le va quedando claro que deberá cambiar sus formas de hacer política y de negociar frente a un gobierno no peronista que parece bien plantado en la Casa Rosada.

La CGT perdió esta semana porque no supo interpretar el resultado de las PASO. El malestar económico preocupa a la gente, sin duda. Pero, ante las urnas, la sociedad mostró que sus principales preocupaciones son políticas; entre ellas, terminar con la corrupción y con la conflictividad. Por eso le dio su voto a Cambiemos, pese a la situación económica. Por eso, no importa que la CGT levante las banderas de la economía si termina las marchas a las trompadas: esa es la escena que lleva a la gente a un pasado al que no se quiere volver.

El lunes empezará otra semana, y con ella otra gran oportunidad del gobierno para acentuar el cambio. El lunes estarán los resultados definitivos del escrutinio, y es probable que le den un escueto triunfo a Cristina en la provincia de Buenos Aires. La ex presidenta tendrá que salir a hablar, y, si el gobierno está preparado para esa eventualidad, podrá anotarse otro triunfo sin gran esfuerzo.

Los últimos avances de la causa Hotesur parecen venir por ese lado. El fantasma de estas acusaciones va a sobrevolar todo lo que Cristina diga el lunes. Pero, fundamentalmente, le será difícil encontrar un tono adecuado. La ex presidenta es un política acostumbrada a la lógica de la confrontación, frente a una sociedad que demostró no querer más confrontación.

Todo está dado para que el efecto amarillo se extienda e, incluso, se amplíe el triunfo de Cambiemos en las generales de Octubre. Pero depende de la sabiduría del gobierno no dormirse en los laureles y utilizar el valioso capital político que le dieron los votantes para tomar las medidas necesarias para poner en marcha la economía y responder a las necesidades más urgentes de la sociedad.